La Economía de los Consumidores

Viernes, 22 de Febrero de 2019

Consumir alimentos locales para vivir mejor

Únicamente el 0,1% de las compras de alimentos que se hacen en España se realizan directamente entre el consumidor y el productor. La media en la Unión Europea es del 15%. Intermediarios y grandes empresas de distribución se llevan gran parte del beneficio, que no se queda en nuestra zona de residencia.

15-06-2014

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¿Por qué difieren tanto los precios en origen de los que encontramos en un supermercado? ¿Es posible que los costes de su transporte, almacenaje y gestión aumenten en un 1.887% el precio de determinados productos? ¿Quién se está lucrando con esta situación?

La producción de alimentos en el planeta está controlada, básicamente, por 5 multinacionales: Coca-Cola, Pepsico, Kellog's, Mars y Nestlé. En España son los grandes grupos de distribución como Mercadona, Dia, Eroski o Carrefour los que controlan el reparto de alimentos. Además la banca está muy relacionada con el sector de la alimentación: un consejero de Bankia preside Grupo Zena (Domino's Pizza, Burguer King...); Grupo Banca March controla Ebro Foods (Arroz Sos, Brillante, La Cigala); y grandes bancos como Santander o BBVA participan en empresas cárnicas, acuíferas o de distribución de alimentación. En definitiva, los alimentos que llegan a nuestros supermercados están controlados por apenas un puñado de empresas, relacionadas con el sector financiero.

Diversas organizaciones especializadas en alimentación aseguran que en nuestro país solo el 0,1% de las compras en este sector se realizan entre consumidores y productores. Esto repercute negativamente en la economía de los productores, quienes realmente trabajan los alimentos, y también en la de los consumidores finales, que deben sufragar el encarecimiento de los productos que llegan a los lineales de los supermercados. 

Según datos del Observatorio de Precios de los Alimentos, la variación entre el precio en origen de los alimentos y en el distribuidor final es espectacular. Se llevan la palma alimentos básicos como las sardinas (416%), la ternera (431%), la merluza (552%), la naranja (640%), el calabacín (1.076%) o los huevos (1.887%). Intermediarios, transporte, carburantes, almacenaje, residuos, embalajes, impuestos,... son múltiples los factores que incrementan el precio final de un producto.

En España existe una megainfraestructura de distribución de alimentación, que permite las desorbitadas importaciones de productos desde países muy lejanos. Esto aumenta los precios y fomenta la contaminación vertiendo millones de toneladas de CO2 a la atmósfera debido al transporte y a la maquinaria utilizada en la agricultura intensiva.

Ante esto la alternativa es la 'soberanía alimentaria', que implica devolver a las personas la capacidad de decidir sobre lo que comen. Los consumidores tenemos la llave para llevarlo a cabo, informándonos sobre si en nuestras ciudades existen mercados en los que los productores distribuyan directamente sus productos a los consumidores, participando en cooperativas de consumo ecológico -que ponen en contacto a los consumidores con los agricultores locales-, comprando en pequeños comercios,...

Razones para consumir productos locales

Diversas organizaciones calculan que un euro aportado en productos cercanos genera el doble para la economía de un municipio.

Son productos frescos, que no han estado congelados en cámaras frigoríficas.

Son más sabrosos: el tiempo entre la recolección y el consumo es menor.

Se reducen las emisiones de gases contaminantes, ya que se minimizan los transportes y, por lo tanto, el empleo de hidrocarburos.

Se consumen productos de temporada, más sanos y económicos.

Conocemos de dónde vienen los alimentos y cómo se han trabajado.

Al no producir de forma intensiva, los agricultores pueden dedicarse a cultivar diferentes productos, lo que genera una mayor variedad.

Comprando a los productores locales apoyas el desarrollo sostenible de tu localidad y la generación de puestos de trabajo.

Es bueno para el agua del planeta. La agricultura ecológica tradicional reduce a cero los residuos químicos.

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Agricultura ecológica: una apuesta de futuro

La agricultura ecológica se basa en obtener alimentos de máxima calidad nutritiva, respetando el medio ambiente y conservando la fertilidad del suelo mediante la utilización óptima de los recursos locales, sin la aplicación de productos químicos de síntesis. Estos son los pilares básicos de la agricultura ecológica:

• Producir alimentos de alta calidad nutritiva y en suficiente cantidad.

• Trabajar con los ecosistemas en vez de intentar dominarlos.

• Fomentar y favorecer los ciclos de los seres vivos dentro del sistema agrario, que comprenden los microorganismos, la flora y la fauna del suelo, las plantas y los animales.

• Mantener y aumentar a largo plazo la fertilidad de los suelos.

• Emplear al máximo recursos renovables en sistemas agrícolas organizados localmente.

• Trabajar todo lo que se pueda dentro de un sistema cerrado en lo que respecta a la materia orgánica y nutrientes.

• Proporcionar al ganado las condiciones de vida que le permita realizar todos los aspectos de su comportamiento innato.

• Evitar todas las formas de contaminación que puedan resultar de las técnicas agrícolas.

• Mantener la diversidad genética del sistema agrario y de su entorno, incluyendo la protección de los hábitats de plantas y animales silvestres.

• Permitir que los agricultores obtengan unos ingresos satisfactorios y realicen un trabajo gratificante en un entorno laboral saludable.

• Considerar el impacto social y ecológico más amplio del sistema agrario.

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