La Economía de los Consumidores

Jueves, 17 de Octubre de 2019

¡Cuidado con lo que come! La alerta por la carne de caballo recuerda la importancia de los controles y la normativa de etiquetado

El fraude de la carne de caballo parece extenderse por toda Europa. Si primero fueron Irlanda y el Reino Unido quienes detectaron el “gato por liebre” de la carne equina en hamburguesas que supuestamente eran de vacuno, ahora el escándalo ha saltado a Francia y Alemania. Las etiquetas de los preparados no revelaban este contenido equino, aunque por ley deben hacerlo. Las autoridades europeas insisten en que no se trata de una crisis sanitaria, sino de un fraude en el etiquetado.

14-02-2013

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En los últimos días, seis cadenas de supermercados franceses han retirado una serie de platos preparados que incluían carne de caballo pero que estaban etiquetados como carne de ternera. Este fraude no reside en la propia venta de carne de equino, sino en el engaño al consumidor. La carne de caballo, en principio, “no conlleva riesgos sanitarios para el consumidor, pero incluir en los productos un ingrediente que no aparece en el etiquetado supone un fraude comercial”, señalan desde la Agencia Aragonesa de Salud Alimentaria.

Ej. de etiquetado. Fuente: Generalitat de Catalunya 

El control de los derivados cárnicos está sujeto al Plan Nacional de Control de la Cadena Alimentaria, que marca las directrices que después lleva a cabo cada comunidad autónoma. En Aragón, por ejemplo, Dirección General de Salud Pública se encarga de revisar las industrias alimentarias con inspecciones periódicas y sistemáticas, algo que se repite en los puntos de venta al consumidor. Los resultados se transmiten a la Agencia Española de Seguridad Alimentaria  y Nutrición, y los productos que suponen una amenaza se retiran del mercado. Estos controles sanitarios velan ante todo por la seguridad alimentaria, por lo que el análisis de a qué especie pertenece realmente la carne es más esporádico, al no afectar en principio a la salud del consumidor.

A pesar de que no hay alerta sanitaria, la Unión Europea quiere despejar las dudas que este fraude genera en los consumidores. Por eso desde Bruselas se ha recomendado a los 27 países de la UE que lleven a cabo en las próximas semanas pruebas de ADN de muestras aleatorias de carne preparada para la venta para mostrar si el control es adecuado. La UE ha pedido además que se analice si la carne de caballo fraudulenta  contiene restos de fenilbutazona, un potente analgésico administrado a los caballos que sí puede resultar perjudicial para la salud de las personas.

Atención al etiquetado

Los preparados cárnicos, por su naturaleza, son un producto a cuyo etiquetado hay que prestar especial atención para saber qué se come. No estamos ante un alimento básico, sino que contiene, además de la carne, gran variedad de ingredientes, como ocurre con otros elaborados alimenticios. El etiquetado debe responder al principio de información al consumidor, especificando las características del producto y, en particular, informando sobre su naturaleza, identidad, cualidades, composición, cantidad, duración, origen o procedencia y modo de fabricación o de obtención. 

El etiquetado de los alimentos en España está regulado por el Real Decreto 1334/1999, de 31 de julio.  Los ingredientes deben aparecen ordenados de mayor a menor peso en relación al total del alimento, cuya masa neta debe precisarse. Los ingredientes compuestos (por ejemplo, chocolate) tienen que aparecer a su vez desglosados. Si el fabricante destaca algún ingrediente en el envase (p. ej. salsa de tomate con aceite de oliva), el etiquetado debe indicar qué porcentaje supone.  

Los alimentos modificados genéticamente (OMG) tienen que incluir en su etiqueta información clara sobre su condición. Sin embargo, en muchas ocasiones se utilizan para ello las siglas OMG, cuyo significado pueden desconocer los consumidores. Si no quiere comer este tipo de productos, el consumidor debe prestar mucha atención a la información que sigue a cada ingrediente (Por ejemplo, “harina de maíz (producida a partir de maíz modificado genéticamente)”). 

Hay 14 ingredientes alimentarios, como la leche, los huevos, el trigo o el pescado, que se tienen que indicar obligatoriamente en la lista de ingredientes, ya que pueden producir reacciones alérgicas. También debe informarse de la presencia o no de glutén. Lo mismo ocurre con aditivos, colorantes, conservantes, etc.

Conservación y caducidad

En cuanto a las condiciones de conservación, el etiquetado debe indicar la fecha de caducidad (alimentos muy perecederos) o fecha de consumo preferente (en alimentos de larga duración garantiza que el alimento conserva sus características de sabor, olor...). La etiqueta tiene que incluir las instrucciones de conservación y utilización. En cuanto a la naturaleza y origen del alimento, el etiquetado ha de mencionar el tratamiento al que haya sido sometido (ahumado, congelado, uperización...), la procedencia, el distribuidor o fabricante y el número de lote, que permite seguir la trazabilidad del producto desde su origen.

Alimentos sin lugar a dudas

Por ley, el etiquetado de los alimentos no puede inducir la confusión del consumidor. Está prohibido, tanto en etiquetas como en publicidad, que se atribuya al producto alimenticio efectos o propiedades que no posea; que sugiera que el producto alimenticio es especial, cuando es igual que el resto de alimentos similares; y que se le atribuyan un producto alimenticio propiedades preventivas, terapéuticas o curativas de una enfermedad (con la excepción de las aguas minerales naturales y de los productos de alimentación especial).

A finales de los años 90, ADICAE ya se preocupó por la calidad de los productos cárnicos y su salubridad para los consumidores, con un simposio en el que participó el veterinario Juan José Badiola, experto en el “mal de las vacas locas” Badiola es catedrático de Patología Animal en la Universidad de la ciudad y presidente de la Organización Colegial Veterinaria española. 

 

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